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Azul Suárez Ballinas
Muy buenas tardes, mi nombre es Azul Suárez Ballinas del Colegio La Salle de Tuxtla Gutiérrez, y hoy tengo el gusto de presentarles una obra que no solo se lee, más bien se vive, se siente y se cuestiona. Me refiero a la obra “El juicio de la ley”, de Alfonso Jaime Martínez Lazcano, una obra que rompe con la enseñanza jurídica tradicional y repetitiva y nos invita a mirar el derecho desde sus raíces más profundas.
Este libro nos lleva a presenciar algo que pocas veces nos atrevemos a imaginar: la ley siendo el acusado. Nos invita a convertir el aula en un tribunal y a convertirnos a nosotros los lectores, en los jueces críticos. La obra recurre a la narración como una herramienta didáctica que humaniza el aprendizaje. Mediante el uso de metáforas y emociones no solo comprendemos los conceptos, también los vivimos e imaginamos. Desde el primer capítulo, entendemos que el derecho no se trata de repetir las normas y leyes existentes, sino de interrogarlas y ponerlas a prueba.
La obra nos presenta personajes emblemáticos, entre ellos destaca el Viejo Sabio, una metáfora del derecho procesal constitucional, encorvado y envejecido por siglos de formalismo. A su alrededor aparecen jueces espectrales y todos ellos representan un sistema que, a pesar de llamarse garantista, muchas veces deja fuera a quienes más necesitan justicia.
Nos recuerda la voz del pueblo ausente. Pueblos originarios sin intérprete, mujeres a las que nadie escuchó, migrantes sin defensa y niñas cuyos expedientes fueron ignorados, todos aquellos a los que la ley no les dio la mano, les dio la espalda. Estas voces no aparecen en los códigos, pero aparecen aquí, ellos no buscan venganza, buscan existencia y voz dentro del proceso.
El autor también critica a las figuras que dominan la academia y el aprendizaje, entre ellos, los operadores del sistema, programados para repetir sin pensar, para aplicar sin comprender, para obedecer sin cuestionar. Los maestros repetidores, que enseñan apuntes viejos por memorización y no por comprensión. Los alumnos que no entienden, memorizan. Por lo tanto, el libro muestra que el derecho se convirtió en una fábrica de operadores obedientes, no en una escuela de pensamiento crítico.
Este libro es, en verdad, un llamado, un llamado a abrir los ojos, a mirar el derecho desde la dignidad humana y no desde el hábito y la costumbre, a atrevernos a cambiar lo que siempre nos dijeron que era “incuestionable” y “verdadero”.
Esta novela, cambia la manera en que enseñamos, la manera en que aprendemos y analizamos lo que nos dictan. Por eso, El juicio de la ley termina con una responsabilidad, porque la justicia no nace en los tribunales, nace en la conciencia de quienes se atreven a cuestionar, a pensar y a transformar. De igual forma, recalca que el derecho no falla por falta de normas, sino por falta de escucha. No falla por falta de estructura, sino por falta de sensibilidad.
El derecho que no se transforma, muere. El que se escucha, renace. El que se abre, libera. Y cada vez que la ley ignora a alguien, no es el sistema el que cae, somos nosotros los que fallamos.
Azul Suárez Ballinas. Sexto semestre de preparatoria. Colegio la Salle, Tuxtla, A.C. Área de Ciencias Sociales. Asignatura de Derecho.
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