Alfonso Jaime Martínez Lazcano
El papel de Estados Unidos en el Pacto de la Embajada no fue solo de mediador, sino de arquitecto y motor principal del golpe de Estado contra Francisco I. Madero. Este evento es considerado uno de los puntos más bajos de la diplomacia estadounidense en México.
1. El protagonismo de Henry Lane Wilson
Aunque el gobierno de EE. UU. (bajo el presidente William Taft) mantenía una postura de cautela, su embajador en México, Henry Lane Wilson, actuó por cuenta propia con una agenda agresiva.
Aversión personal: Wilson despreciaba a Madero, a quien consideraba un líder «inepto» y «socialista» que ponía en riesgo las inversiones estadounidenses (especialmente las de la familia Guggenheim, con quienes el embajador tenía vínculos).
Guerra psicológica: Durante la Decena Trágica, Wilson envió informes exagerados a Washington diciendo que la Ciudad de México estaba en caos total para justificar una intervención militar.
2. La Embajada como «Cuartel General» del golpe
El hecho de que el pacto se firmara en la sede diplomática de Estados Unidos otorgó a los golpistas un reconocimiento implícito y una protección que no habrían tenido en otro lugar.
Mediador activo: Wilson reunió a Victoriano Huerta (quien aún era general de Madero) y a Félix Díaz (líder rebelde) para que dejaran de pelear entre ellos y se unieran contra el presidente.
Legitimación de la traición: Al firmarse el documento en suelo estadounidense, se envió el mensaje de que el nuevo gobierno de Huerta contaría con el respaldo de la potencia vecina.
3. Presión y ultimátums
Wilson utilizó la amenaza de una invasión armada por parte de Estados Unidos para desmoralizar a Madero.
Presionó al cuerpo diplomático de otros países para que exigieran la renuncia de Madero, argumentando que era la única forma de detener el derramamiento de sangre.
Cuando Madero y Pino Suárez fueron arrestados, Wilson ignoró las súplicas de la esposa de Madero para intervenir por sus vidas, respondiendo con frialdad que «no podía interferir en asuntos internos», a pesar de haber orquestado el golpe días antes.
4. El cambio con Woodrow Wilson
Es importante notar que el papel de EE. UU. cambió drásticamente poco después. Cuando Woodrow Wilson asumió la presidencia de EE. UU. en marzo de 1913 (semanas después del asesinato de Madero):
Se horrorizó por las acciones del embajador Wilson y lo destituyó.
Se negó a reconocer el gobierno de Huerta, calificándolo de un «gobierno de carniceros». Esta falta de reconocimiento fue fundamental para el eventual colapso de la dictadura huertista.
Estados Unidos, a través de su embajador, fue el catalizador necesario para que la traición de Huerta tuviera éxito. Sin el respaldo y el espacio físico brindado por la embajada, es probable que el golpe no se hubiera consolidado de la misma manera.
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