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Cultura política y cultura de la legalidad.

Cultura política y cultura de la legalidad.

CULTURA POLÍTICA Y CULTURA DE LA LEGALIDAD.

Julio Penagos.

SUMARIO: I. INTRODUCCIÓN. II. RESEÑA HISTÓRICA. III. LA DOCTRINA EN LA CULTURA POLÍTICA Y DE LEGALIDAD. IV. ANÁLISIS LEGISLATIVO. V. APORTACIONES. VI. CONCLUSIONES. VII. FUENTES.

I. INTRODUCCIÓN.

En este ensayo hablaré de la Cultura de la Legalidad y Cultura Política, observaremos si en verdad existen como tal en nuestro país, y si no existe, lo necesario para poder alcanzarlo, y junto a ellos el estado de derecho.

            El tema será abordado desde tres ópticas diferentes, la primera es una reseña histórica y donde creo yo que nace la cultura de la legalidad; la segunda será un estudio de lo que en la doctrina se ha hablado del tema; y el tercero es un análisis legislativo del tema de estudio.

            Posteriormente el lector podrá encontrar hipótesis que he formulado para la resolución del problema que será planteado a lo largo del ensayo.

II. RESEÑA HISTÓRICA.

            Podría empezar hablando de civilizaciones primitivas para hablar de una cultura de la legalidad y política, ya que se está hablando de la congruencia de los actos de los individuos dentro de la sociedad, para el florecimiento de esta y su desarrollo, pero me resulta imposible hablar de ello en ese entonces ya que lo que motiva este comportamiento es básicamente el miedo y la necesidad de supervivencia.

            Podemos ver el nacimiento de una cultura de la legalidad y política hasta que se empiezan a formar las civilizaciones sedentarias y que basan sus reglas de convivencia bajo dogmas religiosos, ya que es hasta entonces que el hombre comienza a entender que las reglas tienen que seguirse para convivir en harmonía, aunque su fundamento no sea algo cuestionable porque devienen de un mandato divino. Bajo estos principios estará marcada la historia, desde las primeras civilizaciones, pasando por el absolutismo y todas las formas de organización política en las que no exista participación ciudadana alguna, ya que las reglas se cumplen en ese contexto, principalmente por el miedo a las sanciones del gobernante o a un ente metafísico.

            Entendida la cultura como “Un patrón integral de conocimiento humano, creencia y comportamiento que depende de la capacidad para el pensamiento simbólico y el aprendizaje social”[1], entiendo la cultura de la legalidad y cultura política, como el entendimiento y comportamiento de los miembros de una sociedad, enfocado al bienestar de toda la comunidad y su evolución, ya que se habla de cultura de la legalidad cuando el gobernado entiende que las leyes están formuladas para el desarrollo social, y se respetan para que este suceda, confiados de que la autoridad encargada de legislar, lo hace teniendo en mente el bien común.

            Basado en la premisa anterior, sostengo que la cultura de la legalidad nace en el año de 1789 con la Declaración de los Derechos del Hombre, ya que desde entonces se pude suponer que un conjunto de normas está formulado para reconocer y garantizar los derechos inherentes a todos los miembros de una sociedad, y con ello, al respetar las leyes (cultura de la legalidad) y las instituciones (cultura política), se puede entender que se hace no por temor al castigo que tendría como consecuencia una acción contraria, sino a acatar las reglas porque todos los individuos tienen los mismos derechos, y al respetarlos esperas que los demás respeten tus derechos.

            No considero la creación de la constitución norteamericana como el primer ejemplo de una cultura de legalidad y política, ya que su intención primeramente era formular los estatutos sobre los que se pretendía erigir una nación, con un enfoque mas constitutivo.

            Desde la Declaración de los Derechos del Hombre, hasta nuestros días se puede decir que existen distintos contextos espacio/temporales en los que se podría hablar del tema que motiva este ensayo, pero abocándome a México como centro del estudio, estimo que nos encontramos en un momento de construcción de una cultura de la legalidad y cultura política, ya que por nuestra idiosincrasia y baja autoestima como país, estamos estancados por una percepción cultural, que no nos permite adoptar la legalidad, ya que nuestra educación, si no en la casa, en la escuela o la calle, aprendemos que aquí “el que no tranza no avanza”, por eso no se tiene un respeto a las reglas establecidas y se duda de la honestidad de las instituciones públicas, toda vez que los mismos funcionarios públicos emergen de la sociedad, y por lo tanto, se da por entendido que tienen una misma forma de pensar igual a la de la media, y no se puede confiar en ellos o las leyes que estos dictan, porque tememos que sean hechas con una intención oculta. “…este tipo de razonamiento, que nos lleva a pensar no sólo en los beneficios inmediatos de una acción, sino también en sus consecuencias para nosotros mismos y para los demás, sólo puede ser resultado de un proceso educativo.”[2]

 

            La formación de esta cultura en nuestro país es necesaria para establecer como tal un estado de derecho en estricto sentido, para ello lo necesario es educar desde el núcleo familiar, laboral y académico tanto a nuestra persona como a todo aquel que nos rodee, siendo conscientes de los beneficios que esto aporta, mas allá del aprovechamiento inmediato (ofrecer dinero a un agente de tránsito para no tener que ir a pagar la multa y perder tiempo). Una vez alcanzado el estado total de la cultura de legalidad.

            Si en momentos históricos se ha perdido la fe que las normas están facturadas por la misma sociedad, es porque protegen o buscan intereses personales de quien las formula. Por ello para tener confianza en que las normas estén realizadas con el enfoque adecuado y querer acatarlas, es necesaria la participación social y que los miembros de la comunidad manifiesten sus descontentos y levanten la voz para que sus necesidades sean cubiertas.

 

 

III. LA DOCTRINA EN LA CULTURA POLÍTICA Y DE LEGALIDAD.

En la academia mucho se ha hablado de este tema, pero algo que considero fundamental en este apartado es lo que el antropólogo norteamericano Cifford Geertz dijo en una de sus obras, “la política de un país refleja el sentido de su cultura.”[3]Muchos académicos tachan de pesimista este tipo de afirmaciones, generalmente aquellos que toman a la sociedad como victima de una oligarquía o un totalitarismo, pero en un sistema democrático como el nuestro es evidente que esta afirmación es aplicable, porque, al menos formalmente (ya que no me consta que materialmente así sea), aquel que “sube” al poder es alguien que emerge de la sociedad, por lo tanto, en verdad es un reflejo de la sociedad actual la forma de ejercer el poder político.

Visto bajo esta óptica, es también de gran utilidad observar el comportamiento y las acciones de los políticos actuales, como un barómetro social para medir y percatarnos de las virtudes y necesidades de nuestra sociedad, para implementar políticas educativas y de cultura cívica, para reforzar los ideales y acciones sociales, para encaminar a la sociedad al desarrollo.

            Los mexicanos estamos acostumbrados a culpar a alguien mas de nuestros problemas y tomar una postura pasiva en cuanto a su resolución, esperando que el estado en su faceta proteccionista venga y resuelva, aunque sea solo para para que se olvide momentáneamente, sin importar que después se vuelva a manifestar, porque será alguien mas quién tendrá que lidiar con ello. Al respecto, el sociólogo José Antonio Crespo dice que “el apego a la legalidad por parte de gobernantes y gobernados resulta crucial para el adecuado funcionamiento de un régimen democrático, y que en México esa condición ha sido, en el mejor de los casos, una mera aspiración.”[4] Considero que esta situación nace de la necesidad de quien detenta el poder para garantizar a su partido político en un futuro votos para seguir en el poder, otorgando “apoyo” a los mas necesitados, y con ese apoyo, se le hace un daño a quien se pretende ayudar, ya que se le acostumbra a recibir sin un esfuerzo de por medio, y por lo tanto se convierte en un sector social que no produce. Desde ese ejemplo tan simple podemos ver como el gobernado no se apega a la legalidad, ya que no son políticas públicas que detonen el desarrollo, sino que motivan el desinterés y apaciguamiento social. Dice Bodenheimer al respecto “no es condición necesaria de tal acto un motivo altruista o humanitario, puede ser una acción dictada meramente por la voluntad propia de conservación, por ambición, por miedo al descontento y a la revolución, o porque el gobernante se haya dado cuenta de que que al transformar el poder arbitrario en derecho puede darle una base mas amplia y duradera.”[5]

            Para promover esta cultura de la legalidad es también de gran importancia brindar al individuo instrumentos reales para controlar el ejercicio del poder político, solo de esa manera se puede tener la certeza de que las normas e instituciones públicas están encaminadas a la evolución social, otorgando beneficios a todos por igual y no solo a un pequeño grupo de individuos que detentan el poder, ya que de otra forma, se seguirían cumpliendo las normas por el temor al castigo que conlleva su desacato. Nietzsche lo explica de manera magistral al decir que “La justicia tiene su origen entre poderes que son aproximadamente iguales. Es decir, cuando no hay supremacía claramente reconocible y cuando un conflicto sería inútil y perjudicial a ambas partes, surge el pensamiento de llegar a un arreglo y a compensar las pretensiones opuestas… La justicia es, pues, recompensa y transacción, basada en la hipótesis de un grado de poder aproximadamente igual.”[6]

 

            Solo así se puede entender que la “subcultura del fraude” y la “ética de la corrupción, sea únicamente originada por razones culturales y de identidad nacional. Entonces se le podría achacar esos males al monopolio político que por tanto tiempo ha prevalecido en nuestro país. Tomando esto en cuenta, supongo que para poder alcanzar un estado de derecho en el estricto sentido, sería necesario establecer una auténtica democracia política, para así equilibrar la fueza entre quienes se han beneficiado de una estructura autoritaria del poder y quienes luchan por que exista una competencia política equitativa.

 

 

IV. ANÁLISIS LEGISLATIVO.

Considero innecesario extenderme en este capítulo ya que la cultura de la legalidad es aquella que existe en una sociedad que acata las reglas establecidas por quienes detentan el poder político. Siendo así, considero mas importante el proceso democrático para elegir a los gobernantes del país y los instrumentos y políticas de transparencia. Porque solo de esa manera se puede llegar a tener certeza de que las normas están encaminadas a mejorar el entorno social. De otra forma, nos encontraremos frente a un gobierno cuyo objetivo sea mantener desinformados a sus habitantes, para poder seguir controlando el poder político y beneficiarse de esto. Las normas en este tipo de sistema político, son como en la edad media, en el que se legisla únicamente para justificar la forma de actuar, es un sistema jurídico justificativo, en el que la participación social solo es aparente, y se hace creer al pueblo que fue elección suya, pero no tienen certeza de ello, aunque no hace nada por cambiarlo, porque es un pueblo sin educación y que es educado principalmente por la televisión y por quienes controlan los medios masivos de comunicación.

            La respuesta, según mi criterio no se encuentra en legislar al respecto, sino en crear conciencia de respeto y valoración de las ya existentes, para comprenderlas y crear una cultura en la que el individuo no solo se preocupe por su bienestar o el de las personas cercanas a el, sino en que esté convencido de que debe respetar las reglas establecidas para lograr crear conciencia en quienes no lo hacen, y así educar con el ejemplo a futuras generaciones.

 

 

V. APORTACIONES.

 

A lo largo del presente trabajo he realizado una que otra propuesta para poder llegar a gozar de una cultura de la legalidad y política en nuestro entorno social, en este capítulo me abocaré a redactar algunas hipótesis para crear esa cultura en el estado de Chiapas.

            Lo primero que hay que tomar en cuenta es la idiosincrasia del chiapaneco, que es la misma que la del mexicano, en la que se busca la ventaja inmediata mas allá del beneficio social. Para poder cambiar el “software” del chiapaneco al menos, es necesario trabajar en brindarle una identidad, para que de esa manera nos demos cuenta de que somos únicos y que debemos permanecer unidos en situaciones adversas, ya existen grandes avances de los que nos podemos enganchar para lograr estas metas, como la internacionalización del parachico. Una vez alcanzada esta identidad se puede incidir mediante políticas públicas y publicidad, en que el respeto a la ley es lo idóneo, poniendo como ejemplo a niños para que también en ellos germine la semilla de la legalidad.

            Otra propuesta es el uso del referéndum en Chiapas, para que exista un mayor indice de inmersión legislativa por parte del ciudadano promedio, votando en cuanto a que si está a favor o en contra de una ley en especifico. De esta forma se acatarían mejor las reglas porque comienza a ser un compromiso social, en el que se ven involucrados directamente los gobernados, y que al faltar a estas normas, estarían faltando a sus propios ideales contradiciéndose.

            En el campo de la identidad es necesario que nuestros indígenas estén orgullosos de su estatus, para eso es necesario que en sus comunidades se respete su dialecto y que toda la publicidad que a ellos llega, sea escrita en su lengua, para que así no se sientan como apartados de aquellos que hablan español, sino como una cultura aparte que se respeta y procura.

            En cuanto a la cultura política, dice Rodríguez Zepeda que es “el conjunto de valores, representaciones, expectativas y demandas que le confieren una identidad política determinada, podemos decir que una sociedad democrática requiere, para su adecuado funcionamiento, de la existencia de una cultura política de la legalidad.”[7] Con esta premisa como punto de partida, podemos observar que la representación del pueblo es algo fundamental, por lo que aprecio de necesidad urgente que en cada institución pública haya una asamblea conformada por gente que se encuentre fuera de la estructura del poder político, para revisar el estado en el que se encuentra trabajando la institución que le toca revisar, en que ha invertido su recurso económico, a quien se ha contratado. Creo que de esta manera se puede tener mas confianza en el trabajo que hacen las instituciones y como están conformadas. Eso sí, es necesario que las personas que revisen esta situación gocen de algún rango académico o fama pública, que se sepa que son personas honorables.

 

 

VI. CONCLUSIONES.

El respeto a las leyes no es un efecto mecánico de que las leyes existan. Exige una educación democrática responsable y consistente que conduzca a los ciudadanos a asumir las leyes como algo propio.”[8] Por lo tanto, la respuesta al problema de la no existencia de cultura política y de la legalidad, radica en la educación de los mexicanos, ahí es donde los ideales deben respetarse e inducirse en el ciudadano.

            Me gustaría poner un ejemplo de este problema. Elegí esta carrera porque creo en los valores como la justicia y equidad, mi sorpresa fue que a lo largo del estudio de la licenciatura, tanto alumnos como maestros (no todos obviamente), se mofaron de comentarios que hablaran de ello, argumentando que esa no es la realidad, aquí las cosas son de otra forma, y hay que aprender a sacar provecho y ventaja de la ignorancia de los demás. Debe haber un cambio al impartir cátedra, que los valores sean ponderados y bajo ellos trabajar, no menospreciarlos y dejarlos en un ámbito solamente ideológico.

            Se dice que los niños son el futuro de México, por lo tanto en nosotros, los adultos, se encuentra la responsabilidad de educarlos correctamente. Estoy de acuerdo en que ellos son el futuro, pero nosotros somos el presente, y hay que trabajar desde el presente para poder vislumbrar en el horizonte el tan deseado estado de derecho.

 

VII. FUENTES.

1.- Estado de Derecho y Democracia. Rodríguez Zepeda, Jesús.

2.- Humano, Demasiado Humano. Nietzche, Frederic.

3.- Teoría del Derecho. Bodenheimer, Edgar.

4.- Hacia Una Cultura de la Legalidad. Crespo, José Antonio.

5.- La interpretación de las Culturas. Geertz, Clifford.

6.- http://es.wikipedia.org/wiki/Cultura


[1]    http://es.wikipedia.org/wiki/Cultura

[2]    Rodríguez Zepeda, Jesús, Estado de Derecho y Democracia.

[3]    Geertz, Clifford, La interpretación de las Culturas.

[4]    Crespo, José Antonio, Hacia Una Cultura de la Legalidad.

[5]    Bodenheimer, Edgar, Teoría del Derecho.

[6]    Nietzche, Frederic, Humano, Demasiado Humano.

[7]    Rodríguez Zepeda, Jesús, Estado de Derecho y Democracia.

[8]    Rodríguez Zepeda, Jesús, Estado de Derecho y Democracia.

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